Paul Valéry. Teoría Poética y Estética. (1995)

Visor, Madrid,  1990
“Discurso sobre la estética”. 2º Congreso Internacional de Estética y ciencia del Arte (8/9/1937)  (Varieté IV-1938) (pag 59).

Por una parte, la materia, los medios, el momento mismo, y multitud de accidentes, introducen en la fabricación de la obra una cantidad de condiciones que, no solamente tienen importancia en lo imprevisto y en lo indeterminado en el drama de la creación, sino que concurren a hacerla racionalmente inconcebible, pues la inscriben en el dominio donde se hace cosa y de pensable pasa a ser sensible.

El artista no puede en absoluto distanciarse del sentimiento de lo arbitrario. Procede de lo arbitrario hacia una cierta necesidad, y no puede prescindir de la sensación constante de arbitrariedad y de caos que se opone a lo que nace bajo sus manos, que aparece como necesario y ordenado. Es ese contraste el que le hace sentir que crea, puesto que no puede deducir lo que le llega de lo que tiene.
La necesidad de lo arbitrario (la pasión de hacer), pag. 62 y 63.

El artista vive en la intensidad de su arbitariedad y en la espera de su necesidad desea el efecto que producirá en él aquello que de él pueda nacer.
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“Poética y pensamiento abstracto”. Conferencia (Oxford 1983) (Varieté V, 1944).
El deseo de un poeta es comunicar la expresión de un estado naciente de emoción creadora que, mediante la virtud de la sorpresa y del placer, pueda sustraer indefinidamente el poema a toda reflexión crítica ulterior.

El ciclo de la poesía es un acto
Poética, o mejor Poiética. En una parte el estudio de la invención y de la composición, el papel del azar, el de la reflexión, el de la imitación; el de la cultura y el medio; en otra parte, el examen, el análisis de las técnicas y procedimientos, instrumentos, materiales, medios y agentes de acción
La poesía es un arte del lenguaje; ciertas combinaciones de palabras pueden producir una emoción que otras no producen, y que llamamos poética. ¿Cuál es esta especie de emoción?

La conozco en mí por ese carácter de todos los objetos posibles del mundo ordinario, exterior o interior, los seres, los acontecimientos, los sentimientos y los actos que, permaneciendo como son comúnmente en cuanto a sus apariencias, se encuentran repentinamente en una relación indefinible, pero maravillosamente afinada con los modos de nuestra sensibilidad general. Es decir que esas cosas y esos seres conocidos -o mejor las ideas que los representan- cambian en alguna medida de valor. Se llaman los unos a los otros, se asocian muy diferentemente a como lo hacen en las formas ordinarias; se encuentran (permítanme la expresión) musicalizados, convertidos en resonantes el uno por el otro, y casi armónicamente correspondientes. El universo poético así definido presenta grandes analogías con lo que podemos suponer del universo del sueño.

Todo aquello que podemos definir se distingue de inmediato del espíritu productor y se opone a él. El espíritu hace al mismo tiempo de esto el equivalente de una materia sobre la cual puede operar o un instrumento mediante el que operar.

Todo lo que he dicho hasta aquí se encierra en estas pocas palabras: la obra del espíritu sólo existe en acto. Fuera de este acto, lo que permanece no es más que un objeto que no ofrece ninguna relación particular con el espíritu. Transporte la estatua que se admira a un pueblo suficientemente diferente del nuestro: sólo quedará una piedra insignificante. Un Partenón no es más que una pequeña cantera de mármol. Y cuando un texto de poeta se utiliza como recopilación de dificultades gramaticales o ejemplos, deja inmediatamente de ser una obra del espíritu, puesto que el uso que se hace es enteramente ajeno a las condiciones de su generación, y por otra parte se le rehusa el valor de consumación que da un valor a esta obra.

Un poema sobre el papel es solamente una escritura sometida a todo aquello que se puede hacer de una escritura. Pero entre todas sus posibilidades hay una, y solamente una, que coloca por fin el texto en las condiciones en las que adquirirá fuerza y forma de acción. Un poema es un discurso que exige y que causa una relación continua entre la voz que es y la voz que viene y que debe venir. Y esta voz debe ser tal que se imponga, que excite el estado afectivo en el que el texto sea la única expresión verbal. Quiten la voz, y la voz precisa, todo se hace arbitrario. El poema se convierte en una sucesión de signos que sólo tienen relación por estar materialmente indicados unos después de otros.